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Analizar las culturas y climas de distintas empresas chilenas para entender cómo fomentan la innovación es el objetivo principal del Ranking de Innovación C3, elaborado desde el año 2013 por la Universidad del Desarrollo y MMC Consultores. En sus tres versiones, el estudio da cuenta de cómo las organizaciones le dan relevancia a la dinámica de generar nuevos productos, servicios y procesos para diferenciarse y lograr mayor competitividad.

José Manuel Morales, socio de MMC consultores, subraya que un aspecto importante que se ha ido entendiendo en los últimos años es que no sirve mirar las cosas desde un concepto general, sino que debe entenderse que cada organización requiere sus propias dinámicas de innovación.

“Claramente, los desafíos en este concepto son distintos según el tamaño de las empresas”, comenta el ejecutivo. Así, la importancia de una herramienta como este ranking permite generar datos posibles de ser gestionados, pensando en que la innovación debe ser un proceso adquirido en las organizaciones.

“Generalmente los temas cultuales suelen ser vistos como problemas blandos, entonces se recurre a consultores para que desarrollen talleres que mejoren ésto o aquéllo en las empresas, pero que –en rigor- no conocen el problema particular”, explica Morales.

De allí es que la mayor “gracia” del ranking -conocido también como de Culturas Corporativas Creativas- es que permite generar datos medibles, posibles de ser gestionados. “Todas las organizaciones pueden tener una cultura abierta al aprendizaje y a mejorar constantemente a través de la creatividad de sus colaboradores”, subraya el ejecutivo.

El estudio que se efectúa para su nueva versión cierra el día 16 de diciembre.

Desde el punto de vista de la metodología, ¿cuáles son los aspectos más importantes que pueden destacarse del Ranking de Innovación C3?

– En primer lugar, el enfoque que tiene en las capacidades para innovar. El estudio no mide si una empresa es más innovadora que otra en sus resultados, sino en las capacidades instaladas que tiene para desarrollar e implementar ideas creativas e innovadoras.

En segundo lugar, la importancia que tiene la cultura para la creatividad y la innovación. Si al interior de la organización no hay una cultura abierta a la exploración, al aprendizaje, a estar buscando permanentemente nuevas y mejores formas de hacer las cosas, los programas de innovación fracasan.

Se trata de una dimensión particularmente sensible en la cultura chilena y latinoamericana, que tienden a ser adversas al riesgo, castigadoras de los errores y desconfiada de lo desconocido y de los desconocidos también… Este ranking permite diagnosticar y gestionar culturas innovadoras.

Finalmente, debe destacarse un enfoque inclusivo de la innovación. En general, participan empresas de rubros muy distintos porque desarrollar una cultura creativa e innovadora no es patrimonio de una industria en particular.

Los desafíos son distintos según la industria y el tamaño de la empresa, pero todas las organizaciones pueden tener una cultura abierta al aprendizaje y a mejorar constantemente a través de la creatividad de sus colaboradores.

¿Cuáles han sido los aspectos de la encuesta que han ido evolucionando desde sus primeras versiones y cómo evalúan ustedes esos cambios?

– Intentamos innovar permanentemente en cómo medimos y cómo presentamos nuestros resultados. Por ejemplo, hemos ido desarrollado en gran detalle la medición de la estrategia de innovación y de los procesos que gestionan las ideas y portafolios de innovación. Así, avanzamos hacia una comprensión más holística de la innovación, donde la cultura es el elemento más importante, pero se complementa con otras capacidades.

En la presentación de resultados del 2015 hicimos análisis diferenciados según el tamaño de la empresa, ya que nos percatamos de que es punto que debe ser analizado desde esa perspectiva.

Las empresas medianas tienden a tener resultados más positivos en la autonomía que tienen los colaboradores para desarrollar sus tareas, la apertura interna para compartir proyectos o mayor disponibilidad de tiempo para destinar a nuevas cosas. Esto no significa que las empresas medianas sean más innovadoras que las empresas grandes, sino que los desafíos de armar una cultura creativa e innovadora en empresas grandes son mayores.

¿Y cómo ha ido cambiando la recepción de las empresas tanto a participar de la encuesta como a la lectura de sus resultados?

– En la primera versión el año 2013 las empresas participantes tuvieron un acto de fe con nosotros al aplicar un modelo novedoso tanto en Chile como en Latinoamérica. Por ello, al principio, en la disposición a participar y la recepción de resultados primaba mayormente la curiosidad. ¿Qué significa esto de cultura para la innovación?

Con el tiempo creo que las empresas entienden mejor lo importante del concepto, por lo que la curiosidad se ha ido convirtiendo en una exigencia. Las empresas nos presionan más para conocer la metodología, evaluar la calidad de los indicadores que utilizamos y cómo ellos pueden mejorar sus brechas a partir de los resultados.

Creemos que se trata de un aspecto positivo, ya que nos presiona a mejorar en nuestros análisis y recomendaciones. Nosotros también tenemos que innovar constantemente.

¿Cuáles son los principales cambios que ustedes han notado en la incorporación del concepto de innovación en las empresas?

– Hoy están conscientes de que la innovación es más que el I+D o el desarrollo de productos tecnológicos. Ambos elementos son importantes, no hay duda, pero la innovación tiene que ver con el valor que puede generar la creatividad en distintas dimensiones: desarrollando nuevos servicios, mejorando en los procesos y operaciones, estableciendo alianzas con clientes o proveedores, resolviendo en mejor medida los conflictos.

Entendemos la innovación como la cultura de ser mejores, de desafiarse permanentemente para lograr mejores resultados. Creo que ese concepto está más asimilado en las empresas y se dan cuenta de que ellas ya han innovado en su historia; lo que les falta es método, gestión, para que la innovación ocurra de forma sistemática.

¿Por qué crees que son necesarios estudios como el Ranking de Innovación C3?

– Hay una frase que se le otorga a Lord Kelvin: “Lo que no se mide no se gestiona”. Esto es particularmente importante para los temas culturales, que suelen ser vistos como “problemas blandos”. Entonces llegan consultores que ofrecen talleres que mejoran esto o aquello, pero que no saben cuál es el problema particular de la empresa, en qué áreas se concentra y cuál es el impacto de las intervenciones que proponen.

La verdad es que la cultura es el problema más duro de la innovación en Chile. El ranking ayuda a medir la cultura organizacional de la empresa en un período de tiempo, gestionar para el cambio y evaluar el resultado de los programas e intervenciones realizados.

¿Se pueden establecer avances en torno a lo que trae la nueva versión del estudio?

– En general, los puntajes han ido mejorando, lo que es positivo y da cuenta de que la innovación se está trabajando de mejor forma en las empresas. Todavía hay dimensiones críticas que son las más complejas de gestionar: entregar tiempo a los colaboradores para desarrollar nuevas ideas y proyectos; entregar recursos e incentivos a quienes desarrollan ideas e implementan proyectos; y el compromiso estratégico con la innovación, que los colaboradores sientan que la creatividad y la innovación son tan importantes como la calidad y la eficiencia. Otra novedad es el número de empresas que participa, que ha ido creciendo todos los años.

A futuro tenemos desafíos importantes. Hay interés en Colombia y Perú por empezar a aplicar el diagnóstico de manera más sistemática. Otro desafío importante es adaptar la metodología para las organizaciones del sector público que, aunque tienen distintos fines a las empresas, también tienen oportunidades importantes para innovar. Estamos trabajando en esa línea y esperamos tener el diagnóstico en convenio marco el 2017.

Oct, 28, 2016

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