Hace pocos días la OCDE reajustó las perspectivas de crecimiento en Chile para este y el próximo año. Varios economistas vienen diciendo lo mismo, evaluando también el impacto interno que podría tener la reforma tributaria. Pese a que soy un escéptico de las predicciones de los economistas, no cabe duda que -temprano o tarde- la bonanza decae y podremos volver a sufrir una crisis económica.

Una de las clásicas preguntas que surgen en esos momentos es si las crisis deben ser vistas como una amenaza o una oportunidad. Pero más interesante que aquella disyuntiva -más retórica que real-, es preguntarse por cuáles economías o empresas suelen salir reforzadas después de una crisis.

Discursivamente, la respuesta de vanguardia te indica que el componente clave es la innovación. Las economías y las empresas que apuestan por el conocimiento y la innovación tienen y tendrán una ventaja competitiva. Las que recortan las áreas de innovación o I+D suelen ser las perdedores.

Sin embargo, esta es una decisión menos trivial de lo que se puede creer en una primera reflexión. Es fácil plantearlo, pero las presiones que vive una empresa en tiempos de crisis son enormes, lo que explica muchas veces que la estrategia directiva se concentre totalmente en la mirada de corto plazo. Surge nuestro instinto de supervivencia, intrínseco a la evolución humana. El punto es que esa respuesta adaptativa de reducir gastos y costos de aquellas cosas que consideramos anexas -como lo es la innovación para muchas empresas nacionales- no es la mejor respuesta. Hacer esto le quita importancia al interior de la empresa; la pone en el papel de prescindible, un entretenido accesorio permitido solo en tiempos de bonanza.

Las presiones que vive una empresa en tiempos de crisis son enormes, lo que explica muchas veces que la estrategia directiva se concentre totalmente en la mirada de corto plazo.

Por un lado, mantener una estrategia de innovación coherente y consistente en el tiempo -incluso en tiempos críticos- nos puede entregar nuevas respuestas de adaptación al mercado que permitan volver a salir a flote y liderar el mercado. Por otro lado, la innovación no es solamente de carácter disruptivo, sino también puede ser una excelente estrategia para mejorar procesos, reducir costos, atraer talentos, etcétera. Por supuesto, habrá que enfocarse en menos proyectos, en los más rentables. Pero abandonar la estrategia de innovación es una mala señal interna y externa.

mantener una estrategia de innovación coherente y consistente en el tiempo -incluso en tiempos críticos- nos puede entregar nuevas respuestas de adaptación al mercado que permitan volver a salir a flote y liderar el mercado.

Esperemos que en Chile, tanto a nivel de política como de prácticas empresariales, no dejemos de lado -ni en las buenas ni en las malas- el activo fundamental que nos puede llevar a ser un país desarrollado: la generación de conocimiento e innovación. Parafraseando a Megginson, “no es la empresa más fuerte la que sobrevive, ni la más inteligente. Es aquella que se adapta mejor al cambio”.

*La columna fue publicada originalmente en el Diario Pulso ver aquí

May, 13, 2014

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